Después de una década de intensos esfuerzos y enfrentamientos con el poder establecido en el contexto de los procesos electorales, la izquierda mexicana reformula su propuesta para encaminarse nuevamente a la disputa por la nación. Diez años de diferendos y debates, de equivocaciones, rectificaciones y competencia política que parecían haber desgastado la estructura partidista y organizativa de sus elementos alcanzaron por fin, ante la necesidad de estructurar una oferta competitiva y sólida para contender en el Estado de México, la cohesión de las corrientes más significativas de la izquierda que participan en la vida electoral, para respaldar la candidatura de Alejandro Encinas.
Atrás de la foto, en la que se muestran reunidos los líderes más destacados con el candidato de la alianza de los partidos de izquierda, quedaron supeditadas las diferencias con Cuauhtémoc Cárdenas derivadas de su interés por mantener una influencia significativa en la orientación del PRD, el distanciamiento del PRD por parte de Andrés Manuel López Obrador ante las pretensiones de establecer alianzas con el Pan, y la disputa por la candidatura presidencial entre el mismo López Obrador y Marcelo Ebrard. Las diferencias que mantuvieron en conflicto a sus corrientes políticas y que parecían irreconciliables hasta hace apenas algunas semanas se plegaron para dar paso a la aparición respaldada de una figura que, por ese hecho y por su propia trayectoria, anuncia una nueva postura de la izquierda ante lo que se considera ya una emergencia nacional.
La nueva candidatura parece abrir también una pausa para el debate sobre diversas actitudes ya habituales en algunas posturas de la izquierda, como los intentos generalizados por condicionar la definición de candidatos para las diversas posiciones, la búsqueda despiadada por obtener posiciones gubernamentales y capitalizar las prerrogativas electorales, y el reiterado pragmatismo que sometió, en diversas ocasiones, principios de la izquierda como la lucha por el bienestar de la población, por una distribución del ingreso más humana y la defensa de la soberanía de la ciudadanía; pausa que representa una oportunidad para redefinir métodos y formas de participación organizada.
Un primer resultado se observa ya en el fortalecimiento de la candidatura de Alejandro Encinas en el periodo de campaña electoral que hoy tiene lugar, ante dos candidatos de reducida estatura apoyados por grupos económicos y políticos tradicionales, con la articulación de la población preocupada por las condiciones de vida y seguridad que vive diariamente y el cuestionamiento a la forma autoritaria en que se relacionan los ciudadanos con el poder gubernamental en aquella entidad.
Otro efecto que puede esperarse es la operación de una nueva figura de dimensión nacional en la izquierda, capaz de estabilizar la contienda por la candidatura presidencial al influir en las formas existentes para dirimir los conflictos, zanjar las diferencias y promover los acuerdos; operación que abre la posibilidad de poner atención a uno de los rezagos que más tropiezos ha propiciado a la actividad de la izquierda electoral en el último decenio, la institucionalización de su desarrollo político. Con dicha institucionalización la izquierda obtendría el sustento necesario para responder consistentemente a la sociedad mexicana con la recuperación de su integridad y la de las instituciones nacionales, así como con la construcción de un futuro basado en su bienestar.