Ahora que entramos en el tiempo en que se cuestiona la propia existencia del sistema económico que vio nacer a nuestros tatarabuelos, bisabuelos, abuelos, padres y a nosotros mismos, uno de los aspectos que mantiene vigencia ante esta crisis (y de hecho sirve para sustentar el cuestionamiento al sistema capitalista actual) es la importancia del uso racional de los recursos disponibles que, para este capitalismo globalifílico, han quedado sujetos a la obtención salvaje de utilidades en todo el planeta. En fin, que para poder aprovechar mejor las situaciones, los recursos y las propias posibilidades conviene tener nociones de las herramientas con las que en forma mínima podemos atender algún aspecto de los diversos que forman ese todo conocido como “emprendimiento”, “empresa” o proyecto, que nos permitirán, con seguridad, aprovechar plenamente nuestras capacidades y ofrecer productos y servicios a los grupos o clientes indicados..
En un artículo aparecido el periódico el universal el 2 de marzo de este año, se refieren algunas indicaciones de la Condusef (Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros) que nos permiten concluir que la citada Condusef es buena para dar consejos, aunque no para defender a los usuarios de la banca y los servicios bancarios, puesto que en México pagamos tarifas elevadísimas, que incluso llegan a ser mayores que las que empresas bancarias cobran en sus países de origen en el -eufemísticamente hablando- “primer mundo”; pero volviendo al punto comentado, las observaciones señaladas tienen una significativa importancia como elemento para la autocrítica y la orientación de todos aquellos emprendedores, si su interés se ubica en el mejoramiento de su desempeño y los resultados de su proyecto.
Al respecto se comentan algunos errores destacados, como la ausencia de una cultura empresarial, por lo que “pocas veces se plantean cuál es su misión, visión y valores. Son empresas que no se cuestionan ¿por qué existen como organización?, ¿por qué nos compran los clientes?, ¿cuál es nuestro propósito?, ¿cuáles son nuestros valores? El no plantearse lo anterior y mucho menos, no tener una respuesta al respecto, envía mensajes confusos a clientes, proveedores y empleados sobre quién eres como empresa y hacia dónde te diriges”, señala la Condusef.
Por otra parte, destaca la ausencia de un análisis estratégico que las lleva a actuar con los elementos que creen que necesitan y no con lo que requieren en realidad. “Ignoran oportunidades que pueden aprovechar… y pasan por alto aspectos que pueden acabar con ellos como, mayor competencia, productos innovadores, escasez de mano de obra calificada o dificultades para hacerse de materias primas”; entonces vale la pena preguntarse de vez en cuando ¿estoy haciendo las cosas bien?.
También agrega la Condusef la mala administración que se deriva del desconocimiento del negocio y sus características.
Un aspecto relevante que señala es la incompetencia personal, que suele mostrar limitaciones de los dueños o su personal para llevar las riendas del negocio: ante ello, sugiere la utilización de simuladores de negocios con los que se podrá valorar la preparación para la conducción de un negocio o empresa.
Adicionalmente a lo anterior, prevalece entre pequeños y no tan pequeños emprendedores la idea de que se puede ser “todólogo”, con lo cual se logra, casi con seguridad, limitar el crecimiento de la empresa a consecuencia de que no se desarrolla un pensamiento del dueño o director general.
Respecto a la planeación financiera comenta “los empresarios caen en la trampa de la mala planeación financiera porque no determinaron con anticipación los fondos necesarios para poner en marcha la empresa y cómo van a obtener el capital. Por ello, hay que definir previamente la estructura financiera de la empresa y hacer una previsión de su rentabilidad a mediano plazo”
Sobre el mismo tema destaca que frecuentemente se adquieren créditos sin previsión, por lo que sugiere “definir cuál es nuestro objetivo, cómo lo podemos lograr y si es con crédito o no, como lo vamos a lograr”; es decir atenerse a una planeación y al cumplimiento de objetivos de la empresa o proyecto.
Respecto al poder dentro de las empresas, destaca su centralización. De cada 6 empresas solo una llegará a la tercera generación; es decir, difícilmente una empresa creada hoy llegará a ser administrada por los nietos.
También indica la necesaria existencia de controles para todo a fin de evitar fallas. “Hay que tener control de gastos, control de ventas, control de inventarios, control de producción etcétera. Así como tener al día los manuales de operación (por aquello de que se vaya un empleado llevándose consigo el capital intelectual) y toda la documentación de la empresa en regla.”
Respecto a la Planeación destaca que no es precisamente uno de los asuntos que le quitan el sueño a los emprendedores, dado que “van solucionando las cosas según se presentan sin comprender que esta forma de trabajar limita por mucho el crecimiento de la empresa”
Para evitar varios de los errores arriba descritos sugiere la contratación de personal capacitado; para resolver las necesidades de financiamiento propone acudir a formas de cooperación o asociación y no necesariamente a créditos, pero si no hay de otra “debe estar bien definido cómo se aprovechará y qué consecuencias tendrá”; y por último, recomienda el establecimiento de reglas jurídicas y morales para la descentralización del poder y la profesionalización de la organización.
Asi que ya lo sabes, emprender es pasar el 90% del tiempo llevando y revisando controles, así como asistiendo a cursos y talleres de capacitación. ¿Ya lo hiciste?