De piratas a piratas

Bernardo Ginés                              e-mail: la_ribera@hotmail.

 
 

Publicado en 2004

Desde su fundación, los gobernantes de Estados Unidos de Norteamérica establecieron una pauta de conducta que han seguido siempre que las circunstancias se los han permitido: el apoderamiento de bienes y territorios que les resultaran necesarios para su expansión.

Cuando llegaron los primeros colonizadores ingleses, realizaron un sistemático exterminio de los legítimos poseedores de las tierras, hasta lograr prácticamente su extinción; en esos lugares fundaron sus primeras ciudades. Fue en los primeros años de su existencia como nación cuando diseñaron la idea de que estaban autorizados (¿quién los autorizó?) para apoderarse de toda América. Inclusive hasta el día de hoy piensan que ellos son América, por lo tanto nosotros somos seres fantasmagóricos que habitamos en un continente sin nombre.

 

Por supuesto, después de piratear los territorios donde se asentaron, como estabamos muy a la mano, nos piratearon mas de la mitad de nuestro territorio sin que nadie pudiera evitarlo. De ahí proviene gran parte de la enorme riqueza que permitió a los Estados Unidos de Norteamérica erigirse en potencia y construir durante el siglo XIX y principios del XX las bases industriales y armamentistas que le permitirían aprovechar las guerras del siglo XX para piratear lo mas posible en el mundo y así crecer con mayor fortaleza. Durante esa etapa no tuvieron medida en la piratería, sin escrúpulo esquilmaron a los esclavos y a sus propios habitantes; mas tarde a los obreros de sus fábricas tanto en ese país como en otros, principalmente de Centro y Sudamérica, pagando salarios miserables e imponiendo dictadores bestiales. Invadieron muchos países para piratearles sus riquezas, dejando una secuela  de hambre y muerte a su paso, como lo hacían sus ancestros, los piratas ingleses.

Con sus ejércitos, con sus empresas o con sus espías, en todos los continentes han intervenido pirateando cuanta riqueza les ha parecido necesaria para afianzar su poder. Cierto que algunos años la Unión Soviética logró un contrapeso a este avance bárbaro, pero ella sucumbió por su propia rigidez y su peso burocrático.

Cualquier estudiante de ciencias políticas puede explicarnos lo que es el intercambio desigual en el comercio entre países: Comprar materias primas a precios miserables a los países pobres y venderles productos procesados a precios exorbitantes en comparación con su costo real. Mediante este sistema las empresas norteamericanas y en general las grandes transnacionales del mundo han pirateado la riqueza de los países pobres, luego ofrecen prestarles el dinero para que puedan “crecer” bajo su supervisión y una vez endeudados piratearles la soberanía para que hagan lo que a ellos les conviene, por ejemplo: aprobar invasiones a otros países.

Últimamente se piratearon un país completito: Irak, con todo y sus gigantescos yacimientos de petróleo. Como siempre no se detuvieron ante nada para lograr su objetivo, violaron todas las leyes internacionales; lo hicieron en contra de las determinaciones de la ONU y de la mayoría de los países del  mundo; no les importó sacrificar gente inocente con tal de lograr su objetivo: el petróleo y los contratos de reconstrucción.

A nosotros, desafortunadamente tan acostumbrados a su cercanía, hace unas semanas mediante una compraventa probablemente simulada, nos piratearon todo el padrón electoral con el nombre de usted, amable lector, con su fotografía, su firma y todos los demás datos sobre su vida privada que contiene ese documento, al igual que los de todas las personas mayores de 18 años de este país. También nos piratearon el padrón de licencias de manejo de todos los automovilistas y choferes de la Ciudad de México ¿para qué necesitará el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica toda esa información confidencial a la cual indebidamente tuvieron acceso? ¿será que el verdadero Big Brother de Washington ya está vigilando nuestra vida cotidiana?

Pues resulta que los grandes piratas con mas de 200 años de actividad, que no respetan ninguna ley para apoderarse de la riqueza ajena, ahora presionan a los gobiernos y a los legisladores de los países que ellos han empobrecido para que persigan implacablemente a quienes copian los programas de computación, la música y las películas pertenecientes a sus gigantescas empresas transnacionales. Por ejemplo en México, con los cambios a la ley promovidos por ellos y aprobados por nuestras cámaras legislativas, la venta o el uso de material pirata es considerado delito grave. Quieren que las famélicas microempresas, los obreros y empleados de nuestras ciudades paguen los precios que ellos señalan y que sólo pueden pagar sus habitantes con altos niveles de vida, pero no los nuestros  que apenas logran sacar el gasto diario, que apenas sobreviven con los raquíticos ingresos autorizados por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

Desde luego que ningún acto de piratería es justificable, pero tal parece que éstos piratas de programas de cómputo, de música y películas son como Chucho el Roto, que robaba a los ricos para repartir algo entre los pobres ¿qué haría toda esa muchedumbre citadina si no pudiera comprar cuando menos la música que le gusta, sus películas y los programas de cómputo para organizar sus mínimos trabajos de sobrevivencia?

De piratas a piratas, mejor los que devuelven en forma de música, películas y programas algo de la riqueza robada, que los que persisten en matar y en robar países enteros con impunidad.