El año 2012 comienza mostrando lo que se esperaba: un escenario de profundas y complejas transformaciones.
La primera premisa de este nuevo periodo es que se develarán en forma cruda las principales tendencias que definen nuestro tiempo: la excesiva concentración de riqueza económica que pone en riesgo la viabilidad de las instituciones y sociedades que perduraron durante el siglo XX, y la profunda marginación que, con la colusión muchos gobiernos, se ha propiciado en la población de África Media, Medio Oriente, América Latina y diversos sectores sociales en los países más ricos, la cual anuncia el estallido social derivado de la irritación y adicionales catástrofes poblacionales en algunos rincones del planeta.
En nuestro país, como en otros del continente, la sociedad intenta mantener un control institucional que permita efectuar un cambio de rumbo en forma pacífica, ante los embates belicistas que promueven los intereses militares de Estados Unidos en nuestro país, las estrategias de saqueo de recursos económicos y naturales seguidas por diversas corporaciones trasnacionales, y la violencia siniestra que desarrollan grupos criminales; todos al amparo de la descomposición que observan distintos ámbitos del Estado Mexicano.
La sociedad se encuentra comprometida con la civilidad, en tanto intereses facciosos y siniestros aprovechan las oportunidades que ofrece la impunidad en el vacío de poder que se ha cultivado en las últimas décadas, acompañados por negociantes y políticos "pragmáticos" en búsqueda consuetudinaria del beneficio particular.
A pesar de ello, como suele ocurrir en cualquier cuerpo enfermo, nuestra sociedad diariamente se esfuerza por recuparar espacios en la vida social para reorientar las relaciones hacia los valores comunes y humanos, y a la reconstrucción de los acuerdos que a la larga resultarían fundamentales en la sociedad que se asienta en la era de la información y la integración mundial. Los esfuerzos que se empeñen para estos efectos, podrán hacer la diferencia que cambie el rumbo hacia un régimen atento a las necesidades y aspiraciones de nuestra gran comunidad nacional antes que a las de los grandes capitales o, por el contrario, al ser insuficientes, ser una anécdota más en nuestra larga caida al precipicio. |